“Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida” Benedetti.
Para abordar este tema me gustaría primero narrar la historia de dos personas, un hombre y una mujer, comenzaremos con la historia de Julián.
Él tomó con gusto el dulce de menta que le ofrecían, “lee el reverso” le decía su amiga, era importante saber qué le diría Usher en esa ocasión: “Se puede dormir en la misma cama, pero no tener el mismo sueño”, “¡Ouch!” respondió él, y es que esa frase más acertada no podía ser.
Él lo sabía muy bien, sin embargo no tenía el valor de tomar una decisión. El interés por parte de su mujer era muy poco, y no existía ya confianza, pues después de saber que ella le había sido infiel, se había perdido el respeto que ambos necesitaban. Entonces la pregunta que varios temen, atravesó por su mente, “¿Y si mejor nos separamos?” Del pensamiento al hecho hubo un abismo grande. Se sentía culpable, después de todo ella había sacrificado varias cosas por él tiempo atrás, le debía el darle nuevamente otra oportunidad. Mientras todo esto sucedía, su mente se debatía en lo que creía debía de hacer (seguir con su pareja) o darse permiso de separarse y tal vez salir con una mujer que le había devuelto esa emoción de sentirse vivo. Era demasiada culpabilidad para él, se sentía en deuda con su pareja, además del temor que tenía de lastimar a los hijos. ¿Cómo iba a tirar todos eso años a la basura? Y por supuesto siguió en esa relación, a pesar de no estar pleno, a pesar de que eso implicaba un esfuerzo, tal vez aún no era momento de decir adiós. Tal vez lo era y no tenía el valor.
Leamos ahora otra la historia, la de Luisa.
Su marido era casi su adoración, fue así por muchos años. Ella lo amaba totalmente, sin embargo con el tiempo, la rutina y actitudes de él, se fue desgastando la admiración que ella tenía. Se sentía incómoda, no sabía qué le sucedía, pero sabía que cada vez que estaba con su marido, su mente estaba en otra parte deseando tal vez mejor, estar dormida. Sentía mucha frustración, sin embargo no se daba cuenta o no quería darse cuenta de donde venía todo ello. Hasta que supo que no deseaba más seguir casada. La sinceridad se asomó en esa relación, su marido realizó cambios significativos, el tiempo transcurrió con la esperanza de volverlo a amar.
Y esa esperanza permaneció por meses, por años, Luisa decidió dejar de esconder la cabeza en la tierra, y ver su realidad tal cual era, ni ella, ni él, ni sus hijos vivían con la armonía que deseaban. Se cansó de vivir en una farsa. A pesar del temor que tenía de enfrentarse al escrutinio social, al “qué dirán” de su familia y sobretodo pasar a formar parte del gremio de mujeres solas, tomó la decisión. Se separó, tiempo después firmó el divorcio. Vive ahora sola con sus hijos, tranquila sabiendo que es preferible un buen adiós a un mal matrimonio.
¿Quién toma la decisión de separarse? Es curioso que en tres cuartas partes de los casos, somos las mujeres las que tomamos la decisión y en esos casos la mitad de los maridos se oponen con todas sus fuerzas.
¿Por qué las mujeres tienen la iniciativa?
Debido a las diferencias de conducta entre hombres y mujeres, se han realizado diversos análisis, y ha sido motivo, incluso, de varios libros. Los científicos se han dado a la tarea de ir más allá, es así como los estudios neurológicos demuestran que el hombre rige sus emociones en el hemisferio derecho, aunque la habilidad para expresar verbalmente sus sentimientos se sitúa en el izquierdo. El tiene los dos hemisferios conectados por un número menor de fibras que la mujer, entonces el paso de información de una mitad del cerebro a otra es más limitada. Ahora (finalmente) comprendemos, la razón por la cual a un hombre le cuesta trabajo expresar lo que siente porque la información no fluye con facilidad al lado verbal.
La mujer en cambio puede expresar sus sentimientos con palabras ya que lo que siente se transmite mejor al lado del cerebro que procesa lo verbal. Le es algo difícil separar la emoción de la razón por la forma en que su cerebro está organizado, hay que recordar que intercambia más información entre los dos lados del cerebro.
Así mismo la Facultad de Medicina de Harvard descubrió que partes del lóbulo frontal, don está las facilidades para la toma de decisiones y resolución de problemas, son mayores en las mujeres, y así sucede también con la corteza límbica, encargada de regular las emociones. Por lo cual las mujeres superan a los hombres en el procesamiento de emociones.
Es por todo esto que las mujeres creenm estar enviado mensajes de su inconformidad, de sus emociones en cuanto a la relación, y es por lo mismo que los hombre muchas veces ni se dan cuenta de lo que sucede, y cuando la mujer expresa su situación, a ellos les toma casi por sorpresa.
Y entonces nos preguntaremos ¿Cuando es el momento de decir adiós? Primeramente creo conveniente puntualizar que la relación de pareja no está hecha para sufrir. Una cosa es tener momentos difíciles, y otra vivir la gran parte sumergidos en ellos, eso es sufrir. he aquí algunos hechos que nos pueden indicar el momento adecuado:
- Más infelicidad que felicidad. Como mencioné anteriormente, los altibajos en las relaciones humanas son normales, sin embargo cuando la balanza se inclina la mayor parte del tiempo, no hay equilibrio, no es una muestra de una relación sana.
- No hay reciprocidad. Amar es lindo, sin embargo amar y no ser correspondido es una forma muy masoquista de vivir, es permitir que tu autoestima y bienestar dependan de alguien más que no te trata como mereces. Como diría Walter Risso, “No importanta tanto que te amen, sino cómo lo hagan”. Podrán decirte que te aman, sin embargo los hechos deben respaldar las palabras.
- Impide realización personal. El tener una pareja, no significa perder el “yo” en la otra persona, existe un “tu”, un “yo” y un “nosotros”, esto significa que, como pareja, se apoyen mutuamente y estén unidos. Por lo mismo, existen metas y proyectos como pareja, así como proyectos personales, que si no afectan la integridad ni dignidad de la relación son válidas y merecen el empeño por alcanzarlas.
- Principios violados. (Respeto, confianza, valores, acuerdos) Hay valores que no son negociables, creo que es claro.
- Te mueve el tapete alguien más. Es un foco rojo, algo sucede en la pareja. Y no me refiero a un gusto físico, lo cual es completamente natural, como humanos admiramos y podemos sentir atracción por varias personas, sin que esto llegue a más. Cuando hay un acuerdo de fidelidad y sobretodo lealtad, y alguien externo a la pareja no sólo nos gusta sino que nos despierta sentimientos amorosos. Es hora de analizar las cosas en serio.
- Ya no hay erotismo, o no hay amistad ni compañerismo. Cuando deja de existir el deseo por la pareja entonces es simplemente una relación filial. A menos que te guste tener una relación fraternal con quien es tu pareja, lo ideal es sentir deseo sexual además de la ternura y compasión. Y viceverse, si únicamente hay armonía en la cama, algo no está bien.
¿ Es en realidad tan importante una relación sana? Por supuesto! Hay estudios que muestran que una relación de pareja conflictiva provoca severos daños a la salud, tales como, obesidad, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares y disminuye la esperanza de vida. Por el contrario, las relaciones sanas ayudan a un buen estado de salud y alarga los años de vida. Esto se ha demostrado en Inglaterra y también por la Sociedad Psicosomática Americana.
Aquí cabría una frase para reflexionar: “¿Si no te quieren como a ti te gusta que te quieran, para qué quieres que te quieran?” Aristófanes
Ok. Imaginemos que en verdad se ha puesto lo posible por sacar adelante la relación, sin embargo, parece no mejorar, entonces ¿Cuando ya se
intentó demasiado…Qué impide tomar la decisión, cuales son los pretextos?
- ¿Tirar años a la basura?. Esta es una de las más escuchadas, “cómo después de tantos años, voy a tirar todo.” En realidad no se tira a la basura, pues lo vivido, lo experimentado, lo disfrutado así como lo sufrido se queda con uno. Es parte de tu vida, es lo que te ha hecho ser lo que hoy eres, uno decide el significado que le asigna. Se agradece lo aprendido, sin embargo se debe continuar. Es un capítulo que termina y se comienza a escribir otro, ello no quiere decir que por haber leído un capítulo, se arrancará del libro e irá directo al cesto!
- Los hijos. Podríamos decir que esta es una razón de peso. Sin embargo habría que meditar qué es más sano a la larga para un hijo, crecer en un ambiente cordial aunque los padres no vivan juntos, o crecer con ambos padres bajo el mismo techo en un ambiente disfuncional, donde ya no hay amor y existe por consecuencia mucha frustración.
- La sociedad. Un hecho es, que al pedir el divorcio, automáticamente se convierte uno en el “villano” o “villana”, probablemente se especulen los motivos y no faltará quien agregue la existencia de algún amante en esta situación. La sociedad es muy ágil para hablar, criticar y juzgar. No obstante, uno haga lo que haga NO mantendrá a la sociedad contenta, usualmente habrá alguien a quien no le parezca. Es momento de vencer el miedo al qué dirán, que digan lo que quieran. Lo mejor es tener integridad con uno mismo.
- La religión. Se nos enseña y se nos educa con la idea del matrimonio hasta que la muerte nos separe, y eso sería lo ideal. Al menos la mayoría nos casamos con la idea de envejecer al lado de la persona a la que amamos. Sin embargo, aquí es importante poner en una balanza ¿Qué tan espiritual me hace vivir algo que ya no tolero, con lo que lejos de fluir en armonía y amor a mi projimo sucede lo contrario?
- Culpabilidad. El temor de lastimar a la otra persona. Debido a ello, muchos aplazan esta decisión, sin embargo esto lastima más la relación de por sí ya deteriorada. hay que ser consciente que efectivamente ambos estarán lastimados y saldrán heridos de esta situación. Sin embargo será temporal.
- Creer que es una obligación. Mucha gente se siente en deuda con su pareja, siente que le “debe” los años a su lado. la relación no es un contrato bancario. Ambos aportan a la relación, si se llega un momento donde es muy difícil coincidir, lo más sensato es poner un punto final.
Ante todas estas razones, existe una, que se esconde, más no por ello está ausente: El temor a soledad, así es, el vivir la ausencia del otro, el aprender a hacerse cargo de uno mismo, el soltar apegos o el darse cuenta que existe dependencia, cosa muy distinta al amor.
Imaginemos pues que se han vencido los pretextos y los temores, ahora ¿cómo decir adiós? Porque tomar la decisión es todo un proceso, pero llevarla a cabo, es empezar otro totalmente diferente, para ello hay que tomar en cuenta:
- Tener la responsabilidad de ser honestos con nosotros y con el otro.
- Ser consciente, que no se puede evita el dolor, de ambos o de uno.
- No existe el mejor momento.
- Evitar postergar pues se llega a situaciones insostenibles.
- ¿Lo intuye o lo toma por sorpresa? Es útil preguntarle: ¿Qué opinión tienes de nuestra relación? Y observar cómo reacciona.
- Antes del momento de la verdad: Es preferible ir dando la información gradualmente para que la vaya asimilando, tener las razones claras y decirlo de forma realista, sin generar falsas esperanzas.
- Prepararse para las objeciones, ser claros y objetivos. Se vale expresar el dolor, sin embargo hay que evitar el drama, los reclamos que pueden generar una discusión.
- No decirlo en medio de una discusión, de ser así creerá que la petición de separarse es parte del pleito y no lo tomará en serio.
Lo idóneo es una relación de pareja que edifique, en la que ambas partes crezcan y fluyan con amor a pesar de los altibajos . De lo contrario, cuando se vive una situación difícil, se vuelve desgastante la convivencia.
La paz interior que trae al hablar con la verdad, el decir con sensatez: “Ya no hay amor y lo más viable y sano que podemos hacer, para tener la oportunidad ambos de ser felices, es separarnos de una forma honesta, aunque nos resulte doloroso el hacerlo.”
Lecturas que recomiendo:
Sobrevivir a la separación y el divorcio. Lorian Hoff Oberlin.
Seguir sin ti. Silvia Salinas y Jorge Bucay.
Creditos de imagenes mostradas
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