”Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias” John Locke
Para ser una persona que disfruta hablar y hablar, que incluso puede enfriarse la comida por el mismo hecho, he encontrado en la meditación y el silencio la forma de aquietar el borbollón de pensamientos. Tranquilizar mi alma, encontrarme a mi misma. En el silencio, veo fluír mis pensamientos, mis distracciones y percibo la cantidad de ideas que me absorben en un período de tiempo tan breve.
Llevo cerca de 20 días sin mas distracción que yo misma, y mis hijas por supuesto. No obstante al estar tantas horas escuchándome, he descubierto la capacidad impresionante que tiene el cerebro de enfocarse en los pensamientos negativos, mas que en los positivos, si le damos rienda suelta. Es en la mente donde se genera nuestro bienestar o nuestro malestar.
Los pensamientos tóxicos se activan cuando cierto estímulo nos hace asociarlo con alguna experiencia negativa en el pasado. En mi caso, hay una lucha continua contra ciertos temores, el de abandono es uno de ellos, cuando tengo que enfrentar una situación que percibo similar a un duelo, una separación o la indiferencia; un hervidero de pensamientos negativos hace su aparición, generando angustia, ira, temor, entre otros. Y no solo eso, éstos mismos pensamientos nos hacen sentir de forma personal lo que sucede y asumimos cosas que tal vez distan de la realidad. Comienzo a imaginar cosas que probablemente no sean como yo creo.
En estos días de “descanso” he decido darle tiempo a mi mente, educarla, poner a mis neuronas en un pupitre, pues al cambiar las ideas, cambia la actitud, cambia la percepción. La circunstancia sigue ahí, sin embargo la reacción será muy diferente.
La pregunta: “Y cómo carambas lo hago?” Es la que he tenido que responder en estos días y a la que me evocaré de ahora en adelante. En un libro de meditación leí que tenías que aprender a “domar a la changa loca (la mente)” y un buen amigo que practica el budismo ha encontrado en él un paz impresionate, me comenta que para mantener las emociones en equilibrio y controladas es importante educar la mente. Y eso lleva dedicación.
Así que estoy decidida a echarme un clavado en las neuronas alocadas e ir disciplinándolas, existen varias formas, como la meditación que ya he mencionado, distintas teologías y ciencias, pero por lo pronto unos simples pasos que según los psicólogos sirven:
- Construír afirmaciones, siempre en positivo por ejemplo “Me concentro en pensamientos que me ayudan y hacen sentir bien” En vez de “No voy a pensar cosas negativas”.
- Repetir las frases, el pensamiento positivo se va instalar poco a poco en la mente.Yo las escribí en unas tarjetas pequeñas y las llevo en mi bolsa.
- Escribir todos los días, mínimo unos 21 días, las frases que ayuden.
- Estar atent@ a nuestra reacción, recordar que donde se siembra un pensamiento, se cosecha una acción.
Cabe decir que es importante actuar conforme a nuestra nueva manera de pensar, ver las cosas con objetividad, sin drama y trabajar por alcanzar los objetivos. Así mismo no quiere decir que estemos controlando todo lo que pensamos, sino simplemente dejar pasar todo pensamiento tóxico. Estar atento a la emoción que provoca dicho pensamiento, y si es negativo, ignorarlo.
Algunos ejemplos de afirmaciones:
“Me relaciono con los demás de forma armoniosa y en paz”
“Confío en el proceso de la vida”
“Yo elijo el amor, el gozo y la libertad, permito que cosas maravillosas fluyan en mi vida”
“Mientras mas agradecid@ soy, mas motivos encuentro para agradecer”
Compartiré las distintas manera que conozca para sentar de una vez por todas a esa mente en su pupitre y enseñarle que quien manda ahí SOY YO.
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